Skip to content Skip to navigation
16 January 2017

Bajo una choza con techo de paja en el borde del río Tapajós, gente del pueblo Munduruku, de comunidades asentadas en toda esta región de selva amazónica virgen, se reunió en una asamblea general.

Allí estaban ancianos y ancianas, padres y madres, niños y niñas de la tribu, así como representantes de ONG y de entidades de gobierno.

Se reunieron para discutir sobre sus problemas y encontrar soluciones. Buscaban trazar el camino que les permita continuar viviendo y  desarrollándose en armonía con la naturaleza.

La asamblea de octubre fue la primera reunión desde que se anunciara la cancelación de la represa Tapajós. Su licencia fue rechazada debido a los graves impactos ambientales que causaría.

El rechazo fue una gran victoria para el movimiento que busca proteger la Amazonía de Brasil, luego de años de decepción y derrota a causa de la cercana represa Belo Monte. Sin embargo, argumentando beneficios energéticos y económicos, el gobierno brasileño planea construir más grandes represas en la región, docenas de ellas. 

Estuve ahí debido a Belo Monte. Para compartir historias, estrategias y lecciones aprendidas de nuestra defensa de la gente del río Xingú que se ha visto afectada por la represa.

Un equipo de Climate Reality me acompañó y produjo un documental corto para compartir estas historias con el mundo entero.

 

Si bien la lucha por la gente del Xingú ha sido larga, mantenemos nuestro compromiso de lograr justicia para ellos.

Al llevar su caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, tratamos de influir en los tomadores de decisión de Brasil y desalentar la construcción de más grandes represas en la Amazonía, incluyendo aquellas planeadas para la cuenca del río Tapajós.

La devastación causada por Belo Monte se ha convertido en un cuento con moraleja para tribus vecinas como los Munduruku.

Debido al daño causado a la vida y a las personas del Xingú, los Munduruku entienden perfectamente qué tienen que perder si la represa sobre el Tapajós se llegara a construir.

Perderían sus hogares, sus sitios sagrados y la conexión con sus ancestros.

Perderían su río.

El Tapajós es para los Munduruku lo que el Xingú es para los pueblos Kayapo y Juruna.

Es su autopista y su supermercado; un sitio sagrado y un regalo divino.

Agradecen a sus dioses por las bondades recibidas. Por una selva saludable a la que llaman hogar, por los tinguejada (peces) y por todo lo que el río les da.

Fue un honor para mí estar presente y atestiguar la fortaleza y unidad del pueblo Munduruku. Fue una lección de humildad unir mi voz a la suya.

Espero que la voz de los Munduruku sea escuchada. Espero que su territorio sea respetado y que la represa y otros proyectos de desarrollo sean frenados definitivamente.

Y espero que el gobierno brasileño aprenda la lección que un sinnúmero de pueblos indígenas ya conoce: ¡Que las represas deben quedar fuera de la Amazonía!

 

Sobre el Autor

rodrigo's picture
Rodrigo da Costa Sales

Rodrigo da Costa Sales es abogado brasileño y colaboró con el Programa de Derechos Humanos y Ambiente de AIDA. Tiene una maestría en Derecho Internacional de los Derechos Humanos por la University of Notre Dame. Ha trabajado en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la Corte Interamericana de Derechos Humanos y en varias organizaciones dedicadas a la protección de víctimas en Brasil. 

Brasil