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Crédito: Yumping.com.mx / Astrid Puentes

Proteger el ambiente para dejar gripas en la montaña

Astrid Puentes Riaño, co-directora de AIDA,@astridpuentes

Hace unos días subí un buen pedazo de La Malinche, la quinta montaña más alta en México, cargando a Esteban, mi hijito de 11 meses, en la espalda. Fue una experiencia increíble que nos permitió conectarnos con la montaña y me recordó por qué trabajo protegiendo el ambiente. Crédito: Yumping.com.mx / Astrid Puentes

El sábado antes del amanecer salieron mi esposo y ocho personas más hacia la cumbre de La Malinche. Esteban y yo nos quedamos, pues él tenía un poco de tos y gripe, así que era mejor dejarlo dormir y salir cuando hubiera sol.

Cuatro horas después salimos a la aventura de subir La Malinche, aunque fuera una parte. Estaba convencida que el aire puro de la montaña, el bosque y respirar los eucaliptos iban a ayudarle a dejar la tos y los mocos en la montaña.

¡Funcionó y además fue pertidísimo! Al comienzo fue un poco intimidante adentrarnos al bosque, pues dos minutos después de empezar a caminar, cuando se perdieron de vista las cabañas y el puesto de quesadillas (riquísimas, por cierto), quedamos Esteban y yo solos en medio de los árboles.

Alcancé a pensar si en realidad era buena idea caminar sola con él o si más bien era un riesgo innecesario, por la posibilidad de ser asaltados o que alguna cosa nos pasara.

Entonces tuve esa sensación de paz, de ser acogidos y de tranquilidad que puedo sentir solamente en la mitad de una montaña, de un bosque o en medio de la naturaleza.Esteban durmió la mitad del camino, arrullado por el ritmo y por los pájaros cantando.

Una hora después de comenzar, cuando se despertó, nos detuvimos un rato para experimentar todo de cerca. Él se pirtió mucho gateando en la tierra, agarrándola con sus manos hasta que le quedaron las uñas negras; se cansó de jugar de arriba a abajo buscando diferentes hojas y sintiendo las texturas.

Tomamos el sol en un claro de los árboles y vimos parejas de petirrojos y ardillas; nos encontramos con una oruga muy alegre que iba de hoja en hoja.

Una hora después de haber salido se habían acabado la tos, los mocos y la gripa.Esteban los dejó arriba. Cuando bajamos su piel dejaba ver ese bronceado especial de alta montaña.

Por este tipo de experiencias trabajo en proteger el ambiente, para poder disfrutarlo. Para asegurar que hay bosques y montañas en las que podamos pertirnos y dejar tos y tensiones. Para poder vivir en y disfrutar la naturaleza, resguardarnos y aprender de ella.

Estando en el bosque y en otros espacios naturales se hace evidente cómo estamos interconectados con nuestro ambiente, cómo dependemos de éste, cómo los ecosistemas y nosotros somos una misma unidad.

Amadeus y el río Xingu

Con esta inspiración salí para Brasil, unos días después desde donde hoy escribo. Visité el río Xingu y Altamira, la ciudad que será y ya está siendo afectada por la construcción de la represa Belo Monte, que si se construye, será la tercera más grande del planeta y afectará territorios indígenas, por lo que tendían que desplazarse del lugar donde han vivido por años.

Allí pude hablar con las personas que al igual que yo, aman su tierra y el río.Personas como Amadeus, involucradas con el Xingu, dependientes de él para su vivienda, alimentación, salud, persión y descanso.

Ahora ellos son testigos de la destrucción. Por ello estamos ayudándoles en la defensa legal, para evitar mayores impactos por la construcción de esta represa, para que sus derechos y el ambiente sean respetados.

Cuando recuerdo cómo caminaba hacia la cumbre de La Malinche y hoy desde la ribera del rio Xingu pienso en que todas las normas, los estándares y elementos existentes para proteger el ambiente que los seres humanos hemos inventado, deberían interpretarse para efectivamente proteger estas zonas y atender las necesidades humanas de la mejor manera.

Por esto es insistimos para convencer a los bancos como el Banco de Desarrollo de Brasil (BNDES) que financia la construcción de Belo Monte, que tengan salvaguardas efectivas y que sobretodo, escojan alternativas energéticas más inteligentes, que son viables y evitarían sacrificar nuestros ríos por, por ejemplo, las docenas de represas planeadas en la Amazonía.

Si no es para que tengamos montañas, ríos y mares para que disfrutemos, para que los animales y plantas continúen viviendo y para dejar nuestras gripas y tensiones; si no es para que podamos vivir armónicamente; si no es para que estos espacios y especies subsistan por el mismo objetivo de serlo, entonces ¿para qué trabajamos en proteger el ambiente?

Para mí es esencial recordar esto cada día.De lo contrario los premios, las certificaciones empresariales de responsabilidad ambiental o grandes publicaciones de muy poco van a servir si estos lugares que tanto amamos y disfrutamos, con todas las maravillas que contienen, desaparecen o se vuelven burbujas sólo disfrutables a través de museos o pequeños invernaderos demostrativos.

Con ello y por ello continuaré esforzándome y junto al equipo de AIDA y nuestros colegas, seguiremos contribuyendo para que tengamos más Malinches, ríos Xingu protegidos, más parques y mejores espacios y ambiente en el cual habitar. Ambiente que espero que Esteban pueda seguir disfrutando cuando sea mayor, junto con sus hijos y los demás que vendrán.