
Hacia el abandono del carbón en América Latina
Aunque históricamente el carbón ha sido una importante fuente no renovable de energía eléctrica, hoy sabemos que es el combustible fósil que genera mayores emisiones de dióxido de carbono (CO2), uno de los principales gases de efecto invernadero detrás del calentamiento del planeta.
Como región que produce y consume carbón, América Latina tiene una cuota de responsabilidad en los esfuerzos mundiales para frenar de manera progresiva su explotación y quema, favoreciendo sistemas energéticos basados en fuentes renovables no convencionales, sostenibles en el tiempo, respetuosos del ambiente y de las personas.
En AIDA trabajamos no solo para detener la expansión del carbón en el continente, sino también para promover un cierre y salida responsable de los proyectos existentes.
¿Cómo se genera energía a partir del carbón?
El carbón mineral es una roca formada a partir de restos vegetales que quedaron inmersos en capas de sedimentos que no se descompusieron por la ausencia de oxígeno. Durante millones de años, esa materia orgánica estuvo sometida a altas temperaturas y presiones, lo que resultó en un material compuesto principalmente de carbono.
La energía del carbón se libera durante su combustión. Al quemarse, el carbón genera calor. En las plantas termoeléctricas, ese calor transforma el agua en vapor, produciendo electricidad.
¿Cuánto contamina el carbón?
Cuando el carbón se quema para producir calor o electricidad, libera a la atmósfera grandes cantidades de dióxido de carbono, el principal gas responsable del aumento de la temperatura global.
Y, en menores cantidades, emite metano —gas con un potencial de calentamiento global hasta 30 veces mayor que el CO2 en un horizonte de 100 años— y óxido nitroso, cuyo potencial de calentamiento global en un periodo de 100 años es de hasta 273.
Además de gases de efecto invernadero, la combustión de carbón también libera otros contaminantes, como óxidos de nitrógeno, dióxido de azufre y carbono negro (hollín), que afectan la calidad del aire y tienen efectos indirectos en el clima, como la alteración de patrones de precipitación (por ejemplo, la lluvia ácida).
La ceniza que proviene de las centrales termoeléctricas a carbón, y que no es adecuadamente manejada, es asociada con impactos graves en la salud humana: inflamación crónica de los pulmones, asma, bronquitis crónica, cáncer pulmonar, presión sanguínea alta, arritmias cardiacas e infartos.
Por otro lado, la minería de carbón contamina el agua y los suelos en los sitios de extracción, tanto por el minado del mineral como por los residuos que genera.
La minería de carbón a cielo abierto implica excavar y remover grandes cantidades de tierra para llegar a las capas ricas en carbón. Esto implica destruir paisajes, arrasar con vegetación y animales e incluso provocar el desplazamiento forzado de poblaciones. Un caso que muestra los daños sociales y ambientales de la minería de carbón es El Cerrejón, en Colombia, la mayor mina de carbón a cielo abierto de América Latina.

El rol de América Latina en la explotación y uso de carbón
Pese a los impactos negativos asociados a su cadena de valor, y a la mayor participación de las energías renovables en la matriz energética mundial, la demanda de carbón a nivel global continúa en aumento. En el caso de América Latina, la región sigue participando en la extracción de carbón para su exportación o para su quema para generar energía.
Sin embargo, la región no depende del carbón como fuente de energía final y la participación de este combustible en la matriz eléctrica regional ha disminuido. Esto representa una oportunidad para dejar atrás el carbón, aunque algunos países también mantienen una dependencia relevante del mineral.
El caso más emblemático es Colombia, el quinto mayor exportador de carbón del mundo. En ese país, solo el 8% del carbón producido es de consumo interno. Tradicionalmente, el mineral ha representado más del 80% de las regalías mineras, pero los niveles de pobreza de los departamentos donde se realiza el 90% de la extracción —La Guajira y Cesar— superan el promedio nacional.
En México, las carboeléctricas producen solo el 4% del total de la energía eléctrica del país, pero emiten el 10% de los gases de efecto invernadero del sector eléctrico.
En Chile, la generación eléctrica a base de carbón ha generado graves afectaciones a la salud y al ambiente en las llamadas "zonas de sacrificio". Aunque en el país vive hay esfuerzos de descarbonización para cerrar todas las centrales eléctricas de carbón para 2040, ese proceso no está siendo del todo responsable.
Además de los mencionados, hay otros países de la región que participan en mayor o menor grado en el mercado del carbón.
La salida responsable de los combustibles fósiles a nivel mundial requiere del aporte de América Latina con la eliminación progresiva del carbón, un proceso que presenta desafíos y oportunidades en cada país.

Nuestra región no necesita únicamente descarbonizar su matriz energética, también necesita descarbonizar la injusticia histórica que han soportado nuestros pueblos… Para los pueblos que habitamos La Guajira, el territorio y el agua no es un recurso, es la vida misma. Y la vida de nuestros pueblos no puede seguir quedando enterrada bajo el carbón.
Razones para ponerle fin a la era del carbón
Los impactos negativos de la explotación y uso del carbón son mucho mayores que los beneficios. Frente a las empresas y gobiernos que continúan promoviendo esta industria en el contexto actual, existen al menos cinco razones por las cuales continuar extrayendo y quemando carbón es una mala decisión:
- Inviabilidad económica. La cadena del carbón no contempla los costos externos derivados de los daños climáticos, ambientales y sociales que provoca, los cuales podrían duplicar o incluso triplicar el precio de la electricidad generada con su quema.
- Generación de desempleo. La contaminación generada por la minería de carbón impacta la salud de las personas expuestas a ella, afectando su efectividad laboral y poniéndolas en desventaja para acceder a otras opciones de trabajo. Esto resulta en altos índices de desempleo, con tasas de hasta el 40%.
- Inversiones cada vez más riesgosas. Bancos y aseguradoras están dejando de invertir en el sector carbonífero por sus elevados costos, altos riesgos y baja rentabilidad. Al menos 26 de los mayores bancos del mundo y 18 de las grandes compañías aseguradoras tienen restricciones para esta industria.
- Profundización de la crisis climática mundial. El carbón es la causa del 44% de las emisiones de CO2 provenientes de combustibles fósiles. Y durante su extracción, manejo y combustión se libera también metano, cuyas emisiones son responsables de alrededor del 25% del calentamiento global.
- Vulneración de derechos humanos, como la salud. Uno de los principales impactos de la minería de carbón es la degradación de la calidad del aire, que a su vez viola el derecho a la salud, a la vida y a un ambiente sano, generando altas tasas de morbilidad y mortalidad.
Nuestro trabajo para frenar la expansión del carbón con enfoque de justicia
En AIDA trabajamos para contribuir a la sustitución progresiva de la extracción y uso del carbón en la matriz energética y económica de América Latina, la protección y restauración de fuentes de agua y ecosistemas clave afectados o amenazados por ese sector, y el acceso a justicia y reparación para las comunidades afectadas.
¿Cómo lo hacemos? En colaboración con organizaciones aliadas y comunidades:
- Desarrollamos y apoyamos litigios estratégicos a nivel nacional para evitar la expansión de la minería de carbón.
- Promovemos el diseño e implementación de planes de cierre y salida responsable de minas de carbón y de termoeléctricas a carbón.
- Impulsamos la eliminación gradual del uso de carbón para la generación de electricidad en el marco procesos de transición energética justa.
- Incidimos ante organismos internacionales para que se reparen los daños generados en las distintas fases de la cadena de valor del carbón.
- Apoyamos la inclusión de la sustitución del carbón en los compromisos climáticos de gobiernos de la región.
Cierre y salida responsable
Salir de los combustibles fósiles no es suficiente. Una transición energética justa exige procesos de cierre y salida responsables de los proyectos existentes de extracción y uso de carbón, gas y petróleo.