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Foto: #RealChile

Protegiendo los mares de la Patagonia chilena de la industria del salmón

En la región de Magallanes, ubicada en plena Patagonia chilena, está el mayor número de áreas naturales protegidas del país. Glaciares, lagos, ríos y mares —alimentados por nieves permanentes— conforman paisajes únicos que son hogar de muchas especies protegidas como la ballena azul, el cachalote, el pingüino de Magallanes, la foca elefante, la tortuga laúd, el delfín austral y el delfín chileno, entre otras.

Las frías aguas de este rincón alejado del mundo son aún prístinas y, por tanto, menos resistentes a la presencia de actividades humanas de alto impacto. Esa fragilidad está siendo de a poco invadida por la industria del salmón, que ya ha causado estragos ambientales en otras regiones del país.    

En Chile, los criaderos de salmón se han multiplicado en condiciones dañinas para la naturaleza y sin una regulación y supervisión adecuada por parte de las autoridades. Las empresas de esa industria han sobrepasado el número de peces que las aguas pueden soportar y las han llenado de cantidades enormes de antibióticos y otros químicos con los que alimentan a los salmones. Esos desechos, junto con las heces de los propios animales, provocan, entre otros daños, la falta parcial o completa de oxígeno, lo cual amenaza toda forma de vida en el mar.

Las grandes salmoneras han puesto ahora los ojos en la región de Magallanes, causando ya daños verificados. Según una auditoría gubernamental, más de la mitad de las granjas de salmón que operan allí actualmente están afectando la disponibilidad de oxígeno de la zona, algo que no ocurría antes de su llegada.


Lee nuestro informe sobre los riesgos de la expansión salmonera

 

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Paisaje de Magallanes en la Patagonia chilena
Derechos Indígenas, Océanos

Un recorrido por la Patagonia chilena: Vivir y cuidar el borde del mundo

En la Patagonia chilena, en el extremo suroccidente del continente americano, la tierra se desmorona en penínsulas, istmos e islas rodeadas de fiordos y canales, formando cientos de laberintos. Es un puente entre el mar y la tierra, un conjunto frágil y vital de ecosistemas, con zonas aún prístinas, donde la vida brota en cada rincón.Vivir la Patagonia es habitar un "maritorio", cosmovisión que alude a un "territorio" visto desde y en el mar. Foto: Fernanda Núñez Espinosa. Es estar en medio de montañas que se desvanecen en el agua, de glaciares que la liberan en pequeños hilos plateados que se pueden divisar a lo lejos, entre la neblina.Es recorrer una de las zonas más intactas del planeta, refugio de una gran biodiversidad marina. Es convivir con una variedad de cetáceos como la gran ballena Azul, la ballena Fin y la ballena Sei; delfines chilenos, comunes y nariz de botella; además de con lobos y elefantes marinos, colonias de pingüinos de Magallanes, Humboldt y otros.Es caminar entre bosques australes con lengas —árboles nativos de raíces arraigadas y figura esbelta— de hasta 400 o 500 años de antigüedad y con alturas que pueden superar los 30 metros. Es sentir en el rostro la presencia constante del viento que silba entre los canales, moldea los follajes y decide el trayecto de los barcos. Foto: Fernanda Núñez Espinosa. El maritorio como identidadLos primeros colonos españoles llegaron a estos parajes alrededor de 1520. Y, desde finales del siglo XVIII, loberos y balleneros europeos y norteamericanos recorrían el Estrecho de Magallanes, pero no se establecían allí de forma permanente. En 1843, Chile tomó posesión de la región al fundar el Fuerte Bulnes. Sin embargo, el lugar ya se encontraba habitado por pueblos indígenas, entre ellos el pueblo Kawésqar. Foto: Fernanda Núñez Espinosa. Los Kawésqar navegaron las aguas de la Patagonia chilena durante miles de años. Vivían del mar y se desplazaban en canoas que albergaban su cotidianidad. Mientras navegaban, cazaban sus alimentos (peces, mariscos o lobos marinos), cocinaban en fogones y atendían los partos. Eran capaces de leer el viento y las mareas como un idioma propio. El mar no era un recurso, era su extensión, su memoria e identidad.Pero la relación con su maritorio fue interrumpida violentamente. Loberos, balleneros, comerciantes y colonos diezmaron la población Kawésqar al contagiarles enfermedades como sarampión, tuberculosis y viruela. Además, su modo de vida fue alterado: los alimentos base empezaron a escasear por la caza indiscriminada de lobos marinos y nutrias. Los Kawésqar fueron forzados a dejar el nomadismo, vestir distinto y hablar castellano. Algunas familias fueron trasladadas a misiones, expuestas a enfermedades y obligadas a vivir en comunidades cerradas y a cambiar sus costumbres.Las y los descendientes de aquella población perdieron la conexión con sus raíces para evitar las consecuencias de una persecución sistemática. El genocidio de “los antiguos” no es un relato lejano: sus descendientes de más edad lo escucharon de boca de sus abuelas, abuelos, madres y padres que sufrieron esa violencia y lograron sobrevivir.  Foto: Fernanda Núñez Espinosa. Volver al mar, una forma de resistir las amenazas actualesLos ecosistemas de la Patagonia chilena y las comunidades indígenas que allí permanecen enfrentan hace años una nueva amenaza: la expansión de la salmonicultura industrial. Según investigaciones, entre 2009 y 2023, el número de concesiones salmoneras otorgadas aumentó de 1.108 a 1.380, cerca de un 25%, considerando las regiones de Los Lagos, Aysén y Magallanes. Y actualmente existen otras 157 solicitudes de nuevas concesiones en trámite.Las jaulas de engorde se extienden por todo el maritorio, alcanzando zonas remotas del mar austral, incluso dentro de áreas protegidas. La acumulación de desechos (entre excrementos y comida) genera zonas sin oxígeno. Además, cetáceos han perdido la vida o resultado heridos por colisiones con embarcaciones, la mayoría de las cuales presta servicios a la salmonicultura. Los centros salmoneros restringen la movilidad del pueblo Kawésqar: ¡No pueden recorrer su propio maritorio! Los canales eran su hogar y su principal fuente de alimento. Hoy son pocas las familias Kawésqar que viven de la pesca. Según testimonios de la comunidad, es necesario navegar cada vez más horas para obtener las mismas cantidades de pesca que antes. Bajo estas condiciones, muchas personas encuentran en la salmonicultura una de las pocas opciones laborales disponibles. Foto: Fernanda Núñez Espinosa. El vínculo del pueblo Kawésqar con el mar, fundamento de su vida y cultura, es víctima de una historia de despojo que no ha terminado, solo cambiado de forma. La violencia de la colonización es ahora la violencia del crecimiento industrial sin límites. Frente a este escenario, la comunidad Kawésqar Grupos Familiares Nómades del Mar lidera un proyecto de buceo y reconexión con el mar. Busca recuperar el vínculo directo con las aguas que sus ancestros navegaron, aquel nexo que la salmonicultura pone en riesgo. La iniciativa está dirigida principalmente a niñas y niños. Pero el avance de las clases de buceo animó a que mamás, papás y personas ancianas de la comunidad entren al mar. Algunos y algunas tenían miedo de esas aguas, en las que ahora se sumergen con la naturalidad con la que lo habrían hecho sus ancestros. Es un acto de memoria y resistencia: volver a mirar bajo la superficie del mar que los vio nacer y devolverle a las nuevas generaciones Kawésqar una relación viva con su maritorio, no solo contada, sino sentida. Foto: Fernanda Núñez Espinosa. La Patagonia chilena no es solo un paisaje imponente. Es un espacio vivo en el que comunidades Kawésqar —con el apoyo de AIDA, Greenpeace y FIMA— continúan luchando para frenar la expansión de la salmonicultura y sus daños, para que el mar siga siendo suyo. 

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Paisaje prístino de la Patagonia en Chile
Océanos

Justicia retira permiso ambiental para operar a proyecto salmonero de Australis en Magallanes, Chile

Después de casi dos años de tramitación, el Tercer Tribunal Ambiental de Valdivia anuló la Resolución de Calificación Ambiental (RCA) del proyecto, por presentar deficiencias en su proceso de evaluación. La reclamación fue presentada por la comunidad indígena Kawésqar Grupos Familiares Nómades del Mar, la comunidad indígena ATAP, y la comunidad indígena Residente Río Primero, en alianza con las organizaciones de la sociedad civil ONG FIMA; Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA) y Greenpeace.Valdivia, Chile. El Tercer Tribunal Ambiental de Valdivia anuló la Resolución de Calificación Ambiental (RCA) del proyecto Centro de Engorda de Salmones de la empresa Australis, en la Península Barros Arana, en la Región de Magallanes.El proyecto buscaba aumentar su producción de biomasa de 5.140 a 7.500 toneladas, lo que implicaba una intensificación significativa de la actividad acuícola en aguas cercanas al territorio de la Reserva, lo que llevó a la comunidad indígena Kawésqar Grupos Familiares Nómades del Mar, la comunidad indígena ATAP, y la comunidad indígena Residente Río Primero, en alianza con las organizaciones de la sociedad civil ONG FIMA; Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA) y Greenpeace, a presentar una reclamación ante la justicia la que, luego de casi dos años de tramitación, resultó favorable para ellos.En el fallo, el tribunal sostiene que la  evaluación ambiental presentada por la empresa fue insuficiente respecto del área de influencia definida para el centro, sobre todo en lo relativo a la fauna marina, paisaje y turismo. Además, advierte que esta deficiencia se replicaba en el análisis del tránsito de embarcaciones y de la dispersión nociva de nutrientes en el agua, propias de la actividad acuícola.A juicio de los reclamantes, esta sentencia confirma lo importante de una adecuada evaluación ambiental, ya que la sobrecarga de biomasa (salmones, fecas, alimento no consumido) que generaría este centro de cultivo causaría  colapsos ecológicos, aumento de enfermedades, uso intensivo de antibióticos y generación de residuos que devastan el fondo marino y afectan al resto de las especies, lo que pudo provocar un daño irreparable en el mar patagónico.Y agregan que el proyecto fue autorizado sin medir adecuadamente sus impactos en las comunidades Kawésqar por el tránsito de embarcaciones, los ecosistemas marinos, sus efectos en el turismo, el paisaje y todas las especies que dependen del buen estado de las condiciones de los océanos para vivir.Por último, denuncian que el titular no esperó obtener el permiso ambiental definitivo y aumentó igualmente su producción, al margen de la ley. Contacto de prensaVíctor Quintanilla (México), AIDA, [email protected], +52 5570522107 

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Ballena azul
Océanos

¡Feliz Día Mundial de las Ballenas! Garanticemos su protección y tranquilidad

Nací y crecí en Chile. Aquí pasé todos mis veranos disfrutando de las playas de este largo país costero.Ya de adulta, y habiendo dedicado mi vida profesional al cuidado del ambiente, me ha llamado la atención la poca información que me dieron en el colegio acerca de la abismante riqueza natural de mi lindo país, en particular respecto a las ballenas. Nunca supe, de niña, que Chile era un país de ballenas.  Y sí que lo es: de las 94 especies de cetáceos en el mundo, 43 habitan nuestras aguas y 26 de ellas (un 28% del total global) se encuentran en la Patagonia. Estamos hablando de que casi la mitad de las ballenas pasan por Chile y de que casi un tercio están en la Patagonia.Sin embargo, el país, y sobre todo la Patagonia, es también un epicentro de la salmonicultura, industria que ha crecido rápidamente, amenazando los ecosistemas marinos. Chile es hoy el segundo productor mundial de salmón, solo superado por Noruega, donde, a diferencia de lo que ocurre aquí, el salmón es una especie nativa.Al hablar con mis pares, me he dado cuenta que muchos sienten lo mismo. En Chile, al menos en los años que yo crecí, no se hablaba mucho sobre los cetáceos de los que nuestros mares y costas son guardianes.¿Por qué en el colegio no nos enseñaron sobre estos majestuosos seres que habitan nuestras aguas? ¿Cuántas oportunidades de concientización y protección se habrán perdido con ese silencio que dejó de inspirar a tantos/as niños/as como yo? Y en consecuencia, ¿habrá tenido esta carencia algún efecto en la escasez de información disponible sobre las amenazas que enfrentan los cetáceos en Chile?Hagamos algo al respecto. Hoy, en el Día Mundial de las Ballenas, ellas merecen ser el centro de atención. Y con eso en mente, AIDA —junto a Greenpeace y ONG FIMA, aliadas históricas en la resistencia de la expansión de la salmonicultura en las aguas de la Patagonia chilena— lanzó un informe científico acerca de los impactos de esta industria en los cetáceos que habitan el extremo sur del país.El informe, elaborado por un equipo multidisciplinario de científicas, reveló datos alarmantes: las ballenas de la Patagonia están sometidas a múltiples amenazas causadas por la salmonicultura, pero no hay suficiente investigación ni monitoreo para medir su impacto real. Este vacío de información impide tomar medidas de conservación adecuadas y refuerza la necesidad de estudios sistemáticos y mayor fiscalización.Necesitamos visibilizar lo que está ocurriendo. Hablemos de las recientes muertes de ballenas en nuestras aguas protegidas o del estudio científico publicado en la revista Marine Policy, que explica que Chile tiene la mayor tasa de mortalidad de ballenas por colisiones con embarcaciones a nivel mundial desde 2013. Esto confirma el riesgo que habíamos identificado, aún falten datos precisos y regulaciones efectivas para mitigarlo.Propongo que hoy nos tomemos un momento para hablar de estos gentiles gigantes que transitan por las aguas del mundo y que pasan tan seguido por este rincón del mundo.Ojalá podamos contarles a los niños y niñas acerca de ellas, incluso llevarles a visitarlas en los diversos puntos de avistamiento que ofrece nuestro país y nuestra región. Que esta información llegue a quienes educan, para que las nuevas generaciones crezcan con el conocimiento y orgullo de ser guardianas de estas especies.Desde AIDA, junto con muchas otras organizaciones, seguiremos aportando con información, litigio e incidencia para garantizarles la protección y tranquilidad que merecen, por el solo hecho de existir.Consulta nuestro informe Cetáceos y Salmonicultura: Desafíos para la protección de la biodiversidad marina en la Patagonia chilena 

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