
Un recorrido por la Patagonia chilena: Vivir y cuidar el borde del mundo
Fernanda Núñez Espinosa
En la Patagonia chilena, en el extremo suroccidente del continente americano, la tierra se desmorona en penínsulas, istmos e islas rodeadas de fiordos y canales, formando cientos de laberintos.
Es un puente entre el mar y la tierra, un conjunto frágil y vital de ecosistemas, con zonas aún prístinas, donde la vida brota en cada rincón.
Vivir la Patagonia es habitar un "maritorio", cosmovisión que alude a un "territorio" visto desde y en el mar.

Foto: Fernanda Núñez Espinosa.
Es estar en medio de montañas que se desvanecen en el agua, de glaciares que la liberan en pequeños hilos plateados que se pueden divisar a lo lejos, entre la neblina.
Es recorrer una de las zonas más intactas del planeta, refugio de una gran biodiversidad marina. Es convivir con una variedad de cetáceos como la gran ballena Azul, la ballena Fin y la ballena Sei; delfines chilenos, comunes y nariz de botella; además de con lobos y elefantes marinos, colonias de pingüinos de Magallanes, Humboldt y otros.
Es caminar entre bosques australes con lengas —árboles nativos de raíces arraigadas y figura esbelta— de hasta 400 o 500 años de antigüedad y con alturas que pueden superar los 30 metros. Es sentir en el rostro la presencia constante del viento que silba entre los canales, moldea los follajes y decide el trayecto de los barcos.

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El maritorio como identidad
Los primeros colonos españoles llegaron a estos parajes alrededor de 1520. Y, desde finales del siglo XVIII, loberos y balleneros europeos y norteamericanos recorrían el Estrecho de Magallanes, pero no se establecían allí de forma permanente.
En 1843, Chile tomó posesión de la región al fundar el Fuerte Bulnes. Sin embargo, el lugar ya se encontraba habitado por pueblos indígenas, entre ellos el pueblo Kawésqar.

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Los Kawésqar navegaron las aguas de la Patagonia chilena durante miles de años. Vivían del mar y se desplazaban en canoas que albergaban su cotidianidad. Mientras navegaban, cazaban sus alimentos (peces, mariscos o lobos marinos), cocinaban en fogones y atendían los partos. Eran capaces de leer el viento y las mareas como un idioma propio. El mar no era un recurso, era su extensión, su memoria e identidad.
Pero la relación con su maritorio fue interrumpida violentamente. Loberos, balleneros, comerciantes y colonos diezmaron la población Kawésqar al contagiarles enfermedades como sarampión, tuberculosis y viruela. Además, su modo de vida fue alterado: los alimentos base empezaron a escasear por la caza indiscriminada de lobos marinos y nutrias.
Los Kawésqar fueron forzados a dejar el nomadismo, vestir distinto y hablar castellano. Algunas familias fueron trasladadas a misiones, expuestas a enfermedades y obligadas a vivir en comunidades cerradas y a cambiar sus costumbres.
Las y los descendientes de aquella población perdieron la conexión con sus raíces para evitar las consecuencias de una persecución sistemática. El genocidio de “los antiguos” no es un relato lejano: sus descendientes de más edad lo escucharon de boca de sus abuelas, abuelos, madres y padres que sufrieron esa violencia y lograron sobrevivir.

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Volver al mar, una forma de resistir las amenazas actuales
Los ecosistemas de la Patagonia chilena y las comunidades indígenas que allí permanecen enfrentan hace años una nueva amenaza: la expansión de la salmonicultura industrial. Según investigaciones, entre 2009 y 2023, el número de concesiones salmoneras otorgadas aumentó de 1.108 a 1.380, cerca de un 25%, considerando las regiones de Los Lagos, Aysén y Magallanes. Y actualmente existen otras 157 solicitudes de nuevas concesiones en trámite.
Las jaulas de engorde se extienden por todo el maritorio, alcanzando zonas remotas del mar austral, incluso dentro de áreas protegidas. La acumulación de desechos (entre excrementos y comida) genera zonas sin oxígeno. Además, cetáceos han perdido la vida o resultado heridos por colisiones con embarcaciones, la mayoría de las cuales presta servicios a la salmonicultura.
Los centros salmoneros restringen la movilidad del pueblo Kawésqar: ¡No pueden recorrer su propio maritorio!
Los canales eran su hogar y su principal fuente de alimento. Hoy son pocas las familias Kawésqar que viven de la pesca. Según testimonios de la comunidad, es necesario navegar cada vez más horas para obtener las mismas cantidades de pesca que antes. Bajo estas condiciones, muchas personas encuentran en la salmonicultura una de las pocas opciones laborales disponibles.

Foto: Fernanda Núñez Espinosa.
El vínculo del pueblo Kawésqar con el mar, fundamento de su vida y cultura, es víctima de una historia de despojo que no ha terminado, solo cambiado de forma. La violencia de la colonización es ahora la violencia del crecimiento industrial sin límites.
Frente a este escenario, la comunidad Kawésqar Grupos Familiares Nómades del Mar lidera un proyecto de buceo y reconexión con el mar. Busca recuperar el vínculo directo con las aguas que sus ancestros navegaron, aquel nexo que la salmonicultura pone en riesgo.
La iniciativa está dirigida principalmente a niñas y niños. Pero el avance de las clases de buceo animó a que mamás, papás y personas ancianas de la comunidad entren al mar. Algunos y algunas tenían miedo de esas aguas, en las que ahora se sumergen con la naturalidad con la que lo habrían hecho sus ancestros.
Es un acto de memoria y resistencia: volver a mirar bajo la superficie del mar que los vio nacer y devolverle a las nuevas generaciones Kawésqar una relación viva con su maritorio, no solo contada, sino sentida.

Foto: Fernanda Núñez Espinosa.
La Patagonia chilena no es solo un paisaje imponente.
Es un espacio vivo en el que comunidades Kawésqar —con el apoyo de AIDA, Greenpeace y FIMA— continúan luchando para frenar la expansión de la salmonicultura y sus daños, para que el mar siga siendo suyo.
Fernanda Núñez Espinosa

Fernanda Núñez Espinosa es la coordinadora visual de AIDA, trabajando desde Colombia. Es diseñadora gráfica egresada de la Universidad Nacional de Colombia. Ha trabajado en entidades estatales colombianas como la Secretaría Distrital de la Mujer y el Departamento Administrativo del Servicio Civil Distrital. Tiene experiencia laboral en las áreas de diseño, fotografía, organización de eventos y manejo de redes sociales.