Fuentes de Agua Dulce


Aguas subterráneas

Agua subterránea: La importancia de lo que no vemos

¿Sabías que bajo el suelo que pisamos está la fuente de agua dulce más abundante del planeta?Se trata de los acuíferos, formaciones geológicas subterráneas que almacenan el 99% del agua dulce líquida.Esa agua subterránea provee casi la mitad del agua potable del mundo, es la única fuente de agua potable de la tercera parte de la población mundial (unas 2.5 mil millones de personas) y representa el 43% del agua utilizada para riego.Por eso, mantener este recurso accesible y de calidad es esencial para la vida, la salud y la seguridad alimentaria de millones de personas.A pesar de su importancia, los acuíferos están en riesgo por actividades extractivas. Una de ellas es la explotación de yacimientos no convencionales de gas y petróleo mediante fracking o fractura hidráulica, una técnica cuyo uso implica la contaminación de aguas subterráneas. Acuíferos clave en riesgo: el caso de BrasilAlgunos de los acuíferos más importantes del mundo están en América Latina, abarcando mayormente el territorio de Brasil. Allí están:El Sistema Acuífero Guaraní, un acuífero transfronterizo que el país comparte con Argentina, Paraguay y Uruguay. Abastece de agua a unos 90 millones de personas, cubriendo necesidades domésticas, agrícolas, industriales y turísticas en un área de más de un millón de km2.El Sistema del Acuífero de la Gran Amazonía, que abarca varios estados brasileños y zonas colindantes de la cuenca amazónica en países vecinos. Es uno de los mayores depósitos subterráneos de agua en el mundo y representa más del 80% del agua que circula en el ciclo amazónico.   Estas reservas hídricas estratégicas están actualmente en riesgo debido a la posibilidad de realizar actividades de fracking en Brasil puesto que, según mapas, los recursos de hidrocarburos no convencionales se superpondrían con ambos acuíferos.   El futuro del fracking en Brasil, y del aguaActualmente, el Tribunal Superior de Justicia de Brasil está en proceso de decidir si autoriza o no el uso de fracking en el país para la explotación de petróleo y gas no convencionales.La técnica consiste en perforar un pozo recto en la tierra, a gran profundidad, para luego girar la perforación y crear un pozo en forma de L. Dentro del pozo se inyecta a muy alta presión una mezcla de agua, arena y aditivos químicos (algunos tóxicos) para fracturar rocas subterráneas y extraer los hidrocarburos que contienen.El fracking podría contaminar los acuíferos Guaraní y Gran Amazonía si los químicos tóxicos usados para fracturar las rocas se filtran por fugas en los pozos o derrames en superficie. Por ello, y por su alto consumo de agua, la técnica puede poner en riesgo la seguridad hídrica de la población que se abastece de estas aguas subterráneas, incluidas comunidades indígenas y pueblos en aislamiento voluntario.Porque el agua de los acuíferos no solo se bebe. También riega cultivos, mantiene ríos vivos y sostiene ecosistemas únicos.  Aunque no los veamos, los acuíferos resguardan un tesoro vital para la humanidad.  Protegerlos es proteger la vida.  

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Vista panorámica del páramo de Sumapaz en Colombia.

Páramos = agua = vida

Los páramos son ecosistemas de alta montaña que capturan agua de la niebla y la suministran a tierras bajas. Están ubicados entre el límite superior del bosque andino (3.000 m.s.n.m. aprox.) y los glaciares o nieves perpetuas de las montañas (por encima de los 4.500 m.s.n.m. aprox.).Típicamente, es posible encontrar páramos en regiones tropicales cercanas a la línea ecuatorial, sobre todo a lo largo de la Cordillera de los Andes.En América Latina, los páramos cubren más de 30.000 km2. Sudamérica alberga más del 80% de ellos a nivel mundial y Colombia concentra el 50%.Los páramos no están aislados, sino que forman un sistema de alta montaña que mantiene conexiones ecológicas con otros biomas y ecosistemas, trascendiendo fronteras nacionales. Así, en la región andina, conforman un corredor denominado el “collar de perlas”; que va desde la Cordillera de Mérida, en Venezuela, cruzando Colombia y Ecuador, hasta el hundimiento de Huancabamba en el norte de Perú.Allí, el agua que retienen humedales de altura baja poco a poco, formando quebradas y ríos, que descienden hasta llegar a las costas o a la Amazonía.Por su interconexión, los páramos son además puentes naturales o “trampolines” para la migración y dispersión de especies. Su conservación, por tanto, no puede limitarse a zonas específicas, sino a la protección de las relaciones ecológicas, biológicas y culturales que tienen con otros ecosistemas. La importancia de proteger los páramosDebemos proteger los páramos porque son esenciales para sostener la vida. Entre otras cosas, esto se debe a que:Alimentan cuencas hidrográficas claves que a su vez sustentan sistemas agrícolas y ganaderos que aportan al abastecimiento de alimentos para la población. Son la fuente principal de agua para más de 85 millones de personas. En Colombia, el 70% del agua dulce consumida en las grandes ciudades proviene de estos ecosistemas.Albergan una biodiversidad única: más de 3.370 especies de plantas y 250 de animales. Entre las especies endémicas que allí viven están el frailejón (planta con hojas peludas que atrapa la humedad de la neblina y regulan el agua), el cóndor andino, la danta de montaña o tapir andino y el oso de anteojos.Constituyen espacios de vida y hogar de comunidades campesinas e indígenas. Según el censo de páramos de 2018, más de 76.000 personas en Colombia viven en los ecosistemas de páramo del país. Además, su enorme belleza paisajística impulsa el turismo de naturaleza, sosteniendo así modos de vida.Son extraordinarios sumideros naturales de carbono, siendo aliados indispensables para la mitigación a la crisis climática. Pueden retener hasta diez veces más dióxido de carbono por metro cuadrado que un bosque tropical. En puntos específicos de un páramo, como las turberas, la captura de carbono puede alcanzar las 2.000 toneladas.  Foto: Aztlec Flickr (Creative Commons).¿De qué amenazas debemos proteger a los páramos?En contraste con su gran importancia, los páramos enfrentan varias amenazas actualmente. Una de ellas es la crisis climática, que aumenta la temperatura del ambiente y, al estar ubicados en alta montaña, estos ecosistemas no tienen pisos térmicos más fríos a donde desplazarse.Por otro lado, la ganadería y la agricultura extensivas —en especial de papa— afectan extensiones considerables de páramos. Su deforestación o reforestación con especies foráneas también los ponen en peligro, así como la falta de conocimiento sobre su importancia y características.Y sin duda una sus mayores amenazas es la minería. Debido a su formación geológica, en estos ecosistemas hay grandes cantidades de minerales y metales, como oro y plata. La industria minera implica riesgos graves para los páramos porque:Extrae grandes volúmenes de agua y construye infraestructura sobre los humedales, reduciendo su capacidad de regular los flujos hídricos, y puede contaminar con mercurio y otros tóxicos, provocando pérdida de especies y afectando la calidad y disponibilidad de agua en zonas bajas.Cuando desarrolla minería subterránea, puede alterar las dinámicas del flujo del agua subterránea debido a los procesos de desagüe para evitar el hundimiento de túneles. Esto provoca el descenso de acuíferos, el hundimiento del terreno y el desecamiento de fuentes de agua, entre otros impactos.Remueve cobertura vegetal y suelos orgánicos, degradando ecosistemas frágiles como los páramos, debilitando su rol como sumideros naturales de carbono y liberando el carbono almacenado.Puede generar impactos a perpetuidad, por siglos o milenios, tiempos que no pueden predecirse con certeza. Las presas de relaves y otras infraestructuras (escombreras o botaderos) donde los desechos mineros van a parar, por ejemplo, tienen efectos que persisten indefinidamente porque no fueron diseñadas para ser desmanteladas.Conoce más del verdadero costo de la minería en páramos. El emblemático caso del páramo de Santurbán en ColombiaEl de Santurbán es un caso representativo de los conflictos socioambientales que resultan de la intención empresarial de implementar minería en páramos, así como de los esfuerzos ciudadanos para proteger estos ecosistemas y la vida que sostienen. Foto: Alberto Peña Kay. Ubicado en medio de la cordillera Oriental de los Andes colombianos, en los departamentos de Santander y Norte de Santander, el páramo de Santurbán se extiende por 129.743 hectáreas, en las que alberga 57 lagunas, así como 457 especies de plantas y 293 de fauna vertebrada.En Santurbán existen yacimientos mineros, sobre todo de oro, pero también de plata y cobre, que han atraído el interés de conglomerados mineros extranjeros que por décadas han buscado instalar proyectos de gran escala en el ecosistema, amenazando con degradarlo.Esto ha generado preocupación en la población que se abastece de las fuentes hídricas de Santurbán —más de dos millones de personas—, quienes se han movilizado en defensa del agua, el territorio y la vida.Estos esfuerzos han sido liderados por el Comité para la Defensa del Agua y el Páramo de Santurbán. Esta coalición de personas defensoras ambientales, apoyada por AIDA y otras organizaciones de la sociedad civil, ha frenado los intentos continuos de la industria minera. La defensa de Santurbán ha incluido litigios, incidencia nacional e internacional.   Conoce más de la defensa del páramo de Santurbán. La protección de los páramos de América LatinaAsí como en el caso de Santurbán en Colombia, pueblos indígenas, comunidades campesinas y ciudadanía en otros países de la región llevan a cabo estrategias jurídicas para proteger los páramos andinos.También en Colombia, comunidades campesinas de Cajamarca, departamento del Tolima, lograron, mediante una consulta popular, rechazar el proyecto minero La Colosa para la extracción de oro en la zona del páramo de Los Nevados. Actualmente defienden judicialmente la validez de la consulta y de la delimitación del páramo.En Ecuador, el pueblo indígena Kichwa Saraguro impulsa una acción legal para proteger más de 27.000 hectáreas del páramo de Fierro Urku que, sin consulta, fueron concesionadas para minería de oro, plata y cobre. Al mismo tiempo, exige el cumplimiento de una acción de protección que suspendió el proyecto minero Loma Larga en el páramo de Quimsacocha hasta garantizar la consulta previa y la realización de estudios de impacto ambiental.De la mano de comunidades y organizaciones aliadas, AIDA trabaja para proteger los páramos y otros ecosistemas que sostienen la vida en América Latina.  

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Nazario Pascual toca su guitarra en Santa Cruz Chinautla, Guatemala

Voces por el río Motagua: Nazario Pascual, arteria del pueblo poqomam

Historias de coraje, dignidad y de resistencia por la vida frente a la contaminación del río más extenso de Guatemala.Nazario Pascual no necesita adornos para definirse: "Soy un guerrero poqomam que utiliza la música y la poesía cantada para dejar una semillita en el pensar. Soy una arteria del pueblo poqomam".Músico, promotor cultural, productor independiente, Nazario vive en Santa Cruz Chinautla, una comunidad marcada por la contaminación del río Motagua. Desde ahí, canta en poqomam para que su lengua no desaparezca, y para que los niños que lo escuchan crezcan sabiendo que el río también tiene memoria.Su camino comenzó en las bancas de la iglesia, observando a su padre tocar. Pero fue una escena íntima la que encendió la chispa: una noche, escuchó a su papá rezar en poqomam. "Pensé: órale, Dios nos escucha en poqomam. Es tu raíz. Ahí empecé". El paisaje que se llevó la infanciaCuando Nazario habla de su niñez, describe árboles frutales, nacimientos de agua y una pila comunal donde las madres lavaban ropa mientras los niños y las niñas jugaban. Hoy, todo eso se ha ido.La expansión desordenada de la capital y el desvío de aguas pluviales hacia el basurero de la zona 3 han convertido el río en una herida abierta. A eso se suman las areneras que extraen material sin control: "Carcomieron gran parte del territorio poqomam. Acá le llamamos el oro negro".Su familia ha perdido tierra decenas de veces. Cuando llueve en la ciudad, los olores llegan hasta Chinautla aunque no caiga una gota. Las casas ceden, los suelos se agrietan, los habitantes se desplazan."El río es un monstruo que viene desde la ciudad", dice. Foto: Mayela Sánchez García. Herencia de lucha, pero también de cansancioNazario heredó de su padre la convicción de protestar. Participó en manifestaciones, organizó reuniones, levantó junto a otros un muro de contención bajo el puente rojo con apoyo comunitario. Pero también carga la fatiga de tantos años: "Al inicio éramos 17 en las protestas, luego 12, después 7, ahora apenas 4".Una tía se lo dijo sin rodeos: "No pretendas ser héroe del pueblo". La frase lo hizo reflexionar sobre los límites del compromiso… y sobre la necesidad de nuevas formas de resistencia. Semillas que cantanNazario encontró ese nuevo camino en la música. Organizó una banda con sus primos y más tarde comenzó a trabajar con niñas y niños. Juntos escriben letras sobre el río, inventan melodías y cantan en poqomam. Así nació Mamut, una de las canciones que hoy se entonan en la comunidad."Involucrar a los niños y jóvenes es ese granito de arena que intento dejar", explica. "Ellos son los que se quedan". Foto: Mayela Sánchez García. Un mensaje que resisteNazario sabe que el problema lo supera. El río Motagua arrastra basura que termina en el Caribe, afectando a comunidades enteras. Pero también cree que las luchas locales tienen poder."Se respeta salir a trabajar, porque hay que hacerlo, pero no hay que ser indiferentes a lo que pasa en el pueblo".Teme que el verdadero plan de las industrias que contaminan y extraen sea borrar del mapa al pueblo poqomam. Pero sueña con otra historia:"Imagino Chinautla con el río estabilizado, los niños creciendo en un territorio digno, sabiendo sus derechos y peleando por ellos". El pulso de una comunidadEn su voz se cruzan la herida y la esperanza. Habla de pérdidas —de su padre, de la tierra, del río— pero también de música, de lenguas vivas, de niños y niñas que corean sus canciones."Soy una arteria del pueblo poqomam", repite.Y como toda arteria, late para mantener con vida a su comunidad. 

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Olga Vazquez en su taller de alfarería en Santa Cruz Chinautla, Guatemala.

Voces por el río Motagua: Olga Vázquez, manos que moldean esperanza

Historias de coraje, dignidad y de resistencia por la vida frente a la contaminación del río más extenso de Guatemala.Por generaciones, el barro fue el corazón de Santa Cruz Chinautla. Salía de la tierra como un regalo cotidiano, se moldeaba con manos pacientes y se transformaba en vasijas, cántaros, silbatos y comales que viajaban a los mercados de la capital.Allí, entre el río y los hornos de leña, creció doña Olga Noemí Vázquez. Desde niña aprendió de su madre el arte de la alfarería. Hoy, a sus casi sesenta años, sigue trabajando con arcilla, pero el oficio ya no es el mismo. El barro escasea, el río huele a desagüe y las manos se le agrietan por los químicos que arrastra el agua contaminada.Doña Olga recuerda con cariño cómo fue su acercamiento a la cerámica. “Lo aprendí cuando tenía diez años. Mi mamá me enseñó. Yo quería hacer otras formas, otros estilos, porque a veces los turistas traían figuras distintas, y aquí uno trataba de imitarlas”, cuenta desde el pequeño taller que ha improvisado en su casa. Cada pieza que trabaja es un acto de memoria, una forma de resistir al olvido, a la pérdida del paisaje y del sustento.También recuerda que antes las y los habitantes del pueblo no salían a trabajar a la capital. “De aquí vivíamos. Se sembraban hortalizas, güisquiles, maíz. Todo se daba aquí. Y del barro hacíamos nuestra vida. Hoy ya no es así”. Foto: Mayela Sánchez García. De los drenajes a la destrucciónEl cambio fue lento, como una marea que sube sin que uno lo note. Primero llegaron los drenajes. Después, los camiones. La basura de la ciudad encontró en Chinautla su destino final. “No había dónde echarla y nos la echaron a nosotros”, dice. Así comenzó la tragedia: los ríos se volvieron canales de desechos, las márgenes se cubrieron de costras grises y los olores se volvieron insoportables, sobre todo en temporada de lluvias. “El río trae toda la basura de la zona 3. Huele fuerte. Ya no hay barro limpio, ya no lo podemos escarbar como antes”.El terremoto del 76 dejó una marca en la memoria del pueblo, pero fue el abandono sistemático lo que acabó desfigurando el paisaje. La municipalidad —cuenta— se trasladó de Santa Cruz a la zona 6, y desde entonces el pueblo quedó sin representación real. “Aquí no hay alcalde. Aquí vienen a poner su propaganda, se quedan con el cargo, pero nunca están. Nunca nos han tomado en cuenta”, lamenta. Mujeres que resistenFrente al silencio institucional, nacieron las asociaciones, los colectivos, las luchas. Entre ellas, la Asociación de Mujeres de Chinautla. “Nos organizamos porque si no lo hacíamos, nos íbamos a quedar sin nada. El barro se acababa, los areneros avanzaban, el río se lo llevaba todo. Las mujeres aquí no se van a trabajar a la capital. Hacen cerámica en su casa, cuidan a sus hijos. Si nos quedábamos sin arcilla, nos quedábamos sin vida”.En 2010, el desastre llegó con fuerza. Dos ríos, Las Vacas y Chinautla, se desbordaron por la acumulación de arena extraída sin control. El agua arrasó un puente. La comunidad se organizó y construyó otro, con sus propias manos. La municipalidad no colaboró. “Ese puente está tirado, pero lo hicimos los vecinos. Si no, seguiríamos incomunicados”.La extracción de arena se volvió el enemigo más persistente. “Los areneros nos cansan. Toneladas y toneladas de arena sacan todos los días. Nuestro barro se fue con ellos. Nos quedamos casi sin nada. Y lo poco que queda está contaminado”, dice. El daño no es solo al paisaje: la salud también se resiente. Foto: Mayela Sánchez García. El valor de la palabra y la justiciaEl avance de las empresas, la pasividad de las autoridades y el desgaste social han provocado divisiones dentro del pueblo. “La política metió ideas en la cabeza de la gente. Hay miles de habitantes, pero solo 500 apoyan. Los demás no colaboran. No entienden que esto no es por un partido, es por nuestro pueblo”, explica.En los últimos años, la asociación de mujeres se ha unido con las autoridades ancestrales del pueblo. Juntos han logrado abrir espacios de diálogo con ministerios, detener renovaciones de licencias extractivas y visibilizar el conflicto ante el Estado. La sentencia de 2025, dictada tras años de lucha legal, fue una luz en medio del abandono. Un tribunal ordenó a la municipalidad asumir su responsabilidad ambiental. Por primera vez, alguien escuchó. “Gracias a esa sentencia se paró a un empresario. No le han renovado la licencia. Antes no era así: uno llegaba a hablar y los ministros solo pensaban en ganar. Ahora al menos nos escuchan”.El futuro no es claro. El agua potable llega solo cada ocho días. Las licencias extractivas pueden renovarse en cualquier momento. El río sigue trayendo basura. Pero hay algo que doña Olga no está dispuesta a perder: la dignidad. “Aconsejo a las mujeres que participen, que se enteren. No podemos estar en la casa sin saber qué hacen los políticos, los empresarios, los ministros. Si uno se integra, se entera. Y si se entera, lucha”.Cuando le preguntan cómo era Chinautla hace 50 años, sus ojos se llenan de imágenes perdidas: niñas jugando en la calle, agua limpia corriendo entre piedras, mujeres moldeando barro al atardecer. “Era tranquilo”, dice. “Era nuestro”. Hoy, entre la contaminación y el saqueo, Chinautla resiste en las manos de mujeres como ella, que siguen moldeando su historia a punta de arcilla, memoria y coraje. 

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Ecosistema de páramo en Coombia

El verdadero costo de la minería en páramos: Impactos ecológicos y económicos

Los páramos son ecosistemas de alta montaña que se encuentran típicamente en regiones tropicales cercanas a la línea ecuatorial, sobre todo a lo largo de la Cordillera de los Andes. Son territorios de vida ubicados entre el límite superior del bosque andino (3 000 m.s.n.m. aprox.) y los glaciares o nieves perpetuas de las montañas (arriba de los 4 500 m.s.n.m. aprox.). Allí todo sucede más lento: el crecimiento, la descomposición y la regeneración, debido a las bajas temperaturas, el exceso de agua en los suelos y la baja disponibilidad de oxígeno y nutrientes. ¿Dónde están y cómo se conectan?Los ecosistemas de páramo en América Latina cubren más de 30 000 km2. Sudamérica tiene más del 80% de los páramos del mundo y Colombia concentra el 50%. Los páramos andinos conforman un corredor denominado el "collar de perlas"; que va desde la Cordillera de Mérida, en Venezuela, cruzando Colombia y Ecuador, hasta el hundimiento de Huancabamba en el norte del Perú, con dos complejos separados: uno en Costa Rica y Panamá, y otro en la Sierra Nevada de Santa Marta, en Colombia.Por esta disposición, los páramos son puentes naturales o "trampolines" para la migración y dispersión de especies adaptadas a condiciones naturales extremas.Los páramos no están aislados: forman un sistema interconectado de alta montaña que mantiene conexiones ecológicas con otros biomas y ecosistemas, trascendiendo fronteras nacionales. En ellos se recoge y guarda el agua, que luego baja poco a poco formando quebradas y ríos que descienden hasta llegar a las costas o a la Amazonía, sosteniendo la vida en toda la cuenca.Por tanto, su conservación de los páramos no puede limitarse a áreas específicas, sino a proteger las relaciones ecológicas y bioculturales que sostienen con otros biomas.   ¿Por qué los páramos son esenciales para sostener la vida?Son espacios de vida y hogar de comunidades campesinas e indígenas. También poseen una enorme belleza paisajística que impulsa el turismo de naturaleza. Según el censo de páramos de 2018, más de 76 000 personas en Colombia, mayoritariamente campesinos/as, viven en los páramos del país.Albergan humedales de altura que absorben el agua en la temporada lluviosa y la liberan lentamente en la época seca. La ciencia ha reconocido su valor excepcional para la provisión y regulación del agua.Son la fuente principal de agua para más de 85 millones de personas. El 70% del agua dulce consumida en las grandes ciudades de Colombia proviene de los páramos.El agua de los páramos alimenta cuencas hidrográficas claves que a su vez sustentan sistemas agrícolas y ganaderos que aportan al abastecimiento de alimentos para la población. Además, es utilizada por diversas industrias y para producir energía.Son hogar de una biodiversidad única: más de 3 370 especies de plantas y 250 de animales. Seis de cada diez especies de plantas son endémicas.Son extraordinarios sumideros naturales de carbono siendo aliados indispensables para la mitigación a la crisis climática. Pueden retener hasta diez veces más dióxido de carbono por metro cuadrado que un bosque tropical. Por ejemplo, una hectárea de bosque tropical puede capturar entre 60 y 230 toneladas de carbono en la vegetación de la superficie, mientras que una hectárea de suelo en los páramos colombianos puede almacenar hasta 338 toneladas de carbono en sus primeros 30 centímetros de profundidad. En puntos específicos dentro de un páramo, como las turberas, la captura de carbono puede alcanzar las 2 000 toneladas. ¿Cómo la gran minería amenaza los páramos del continente?La gran minería es un riesgo para los páramos porque extrae grandes volúmenes de agua y construye infraestructura sobre humedales, reduciendo su capacidad de regular los flujos hídricos. Además, puede contaminar con mercurio y otros tóxicos, provocando pérdida de especies y afectando la calidad y disponibilidad de agua en zonas bajas.La minería subterránea en páramos puede alterar las dinámicas del flujo del agua subterránea debido a los procesos de desagüe para evitar el hundimiento de los túneles. Esto resulta en el descenso de acuíferos, hundimiento del terreno y desecamiento de fuentes de agua, entre otros.La minería remueve cobertura vegetal y suelos orgánicos, degradando ecosistemas frágiles como los páramos, debilitando su rol como sumideros de carbono y liberando el carbono almacenado.En muchos países de la región, aún no se reconoce que la minería puede generar impactos a perpetuidad, que pueden durar siglos o milenios, tiempos que no pueden predecirse con certeza. Un ejemplo son los lugares donde la minería deja sus desechos: presas de relaves (que almacenan lodos con metales pesados) y escombreras o botaderos (que almacenan roca y otros residuos sólidos). Al no estar diseñados para desmantelarse, sus efectos persisten indefinidamente. En Estados Unidos, por ejemplo, el tratamiento de aguas asociadas a estos lugares ha costado entre 57 000 y 67 000 millones de dólares anuales. Estos impactos superan la capacidad de gestión a largo plazo y generan altos costos ambientales y económicos, muchas veces no incluidos en los Estudios de Impacto Ambiental (EIA).En Broken Hill (Australia) se explotó uno de los mayores yacimientos de plata, plomo y zinc del mundo con minería a gran escala que dejó relaves, botaderos y excavaciones en plena zona urbana. Con el tiempo, la ciudad creció alrededor de la mina y hoy los ciudadanos están expuestos a polvo con plomo y suelos contaminados por residuos mineros. Estos residuos contienen metales pesados que no se degradan y pueden liberarse por siglos con el viento y la lluvia, convirtiéndose en un pasivo ambiental permanente para la comunidad. Lee y descarga la publicación completa 

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Bote con población ribereña navega en el río Xingún, en la Amazonía brasileña

El río Xingú está siendo silenciado, pero no sus pueblos

Un río siempre es camino, alimento y memoria.En la Volta Grande (o Gran Recodo) del río Xingú, en plena Amazonía brasileña, el agua no solo fluía: enseñaba cuándo sembrar, cuándo pescar, cuándo celebrar.  Allí, la vida seguía el ritmo del río.Pero eso comenzó a cambiar en 2010, cuando se planificaba la construcción de la central hidroeléctrica Belo Monte y un cuestionamiento silencioso iba creciendo: ¿Quién decide el destino del agua?Seis años después, el 5 de mayo de 2016, cuando la represa fue inaugurada, cerca del 80 % del caudal del río Xingú fue desviado.Ya en 2018 organizaciones y comunidades alertaban que el plan de manejo del caudal, impuesto al Xingú para la operación de la hidroeléctrica, era el anuncio de un futuro de escasez.Tal advertencia se convirtió en realidad.Hoy, tramos enteros del río están secos. Más de 100 kilómetros de la Volta Grande han perdido su flujo natural. El agua, que antes sostenía la biodiversidad y los modos de vida locales, ya no llega como antes.Sin agua suficiente, los peces dejaron de reproducirse. Hace tres años que no hay desove.El silencio del río se convirtió en hambre, incertidumbre y ruptura.La muerte de los peces no es solo un impacto ambiental: es el quiebre de un modo de vida.  Comunidades indígenas, ribereñas y pesqueras han perdido no solo su principal fuente de alimento, sino también su autonomía y su relación con el territorio.Hoy, la huella de Belo Monte es una acumulación progresiva de degradación ecológica, social y cultural.Sin embargo, esta historia aún no ha llegado a su fin. Tiempo de justicia para el río Xingú y la vida que sostieneDiez años después del inicio de operaciones de la represa Belo Monte, los impactos denunciados se han confirmado, pero también se ha fortalecido algo que no se había previsto: la resistencia.Las comunidades afectadas siguen organizadas, activas y decididas. Siguen denunciando, exigiendo reparación y defendiendo el derecho a vivir junto al río.Esa fuerza es visible hoy en las protestas contra nuevos proyectos en la zona.Porque para estos pueblos, la lucha no es solo contra un proyecto, es por la continuidad de la vida.Hoy es tiempo de justicia para ellos.  La denuncia contra el Estado brasileño por su responsabilidad internacional en el caso está en manos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos desde 2011, a la espera de una decisión que puede marcar un antes y un después para las comunidades de la cuenca del Xingú.La denuncia tiene los elementos jurídicos y probatorios necesarios para que la Comisión la admita, determine que hubo varias violaciones de derechos humanos y remita el caso a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, cuyo fallo puede sentar un precedente para la regulación estatal de megaproyectos en contextos de crisis climática; la participación pública; y la protección de pueblos indígenas, comunidades tradicionales y ecosistemas clave como la Amazonía.Pero, mientras el proceso avanza lentamente, los impactos siguen agravándose cada día. La urgencia no es jurídica, es humana. Cada ciclo sin respuesta es un ciclo más de sequía, de pérdida de biodiversidad y de vulneraciones que se acumulan. En este caso, decidir no es solo una cuestión institucional, es una cuestión de esperanza de vida para quienes dependen del río.Lo ocurrido con Belo Monte se ha convertido en un símbolo.Es un claro ejemplo de cómo los proyectos vendidos como "energía limpia" pueden acarrear impactos profundos y duraderos cuando ignoran los derechos humanos.  En momentos en que el mundo busca soluciones energéticas para enfrentar la crisis climática, no podemos repetir viejos patrones de injusticia.  Conoce más del caso 

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Río en el municipio de San José El Rodeo, Guatemala
Fuentes de Agua Dulce

¿Cuánta agua se consume para producir energía?

El agua y la energía van de la mano. Procesos como la extracción de gas, la refinación de petróleo o el funcionamiento de una hidroeléctrica necesitan agua. Así, a medida que la demanda de energía aumenta, crece también la necesidad de agua para generarla. Eso genera impactos ambientales y sociales que incluyen el agotamiento de fuentes hídricas o la contaminación de ríos, lagos y otros cuerpos de agua.Conocer la conexión entre el agua y la producción de energía nos permite tener una visión más amplia de qué implica su consumo. Cuidar el agua significa también reducir nuestro consumo de energía, pensar en alternativas de generación más sostenibles y exigir que se produzca de forma limpia y justa.  La huella hídrica de la energíaEl agua es indispensable para producir energía. Pero no todas las fuentes consumen la misma cantidad de agua, por lo que su impacto ambiental varía. Para la generación de 1 megavatio, que le da energía a 1,000 casas en una hora, estos son los litros de agua que se consumen en diferentes fuentes de electricidad:  Pero el uso de agua va más allá. Además de la etapa de generación de electricidad, las industrias energéticas emplean agua dulce, con diversos impactos socioambientales, en sus diferentes procesos de producción:  Centrales térmicas convencionalesEn ellas se calienta agua a altas temperaturas —mediante la combustión de carbón, gas o petróleo— a fin de producir vapor, el cual impulsa turbinas para generar energía eléctrica. En las termoeléctricas también se utiliza agua para enfriar las plantas generadoras de energía.  Plantas hidroeléctricasUtilizan la fuerza del agua para mover turbinas que generan energía. Al interrumpir o desviar el cauce natural de ríos, arroyos y lagos causan la desconexión entre hábitats, provocando el desplazamiento y disminución de especies.También impactan en la calidad del agua.Además, provocan el desplazamiento forzado de poblaciones cercanas a las fuentes de agua y que dependen de ellas. Extracción y producción de combustiblesSe usa agua al extraer carbón y en la perforación de pozos para explotar gas y petróleo. En muchos casos, estos procesos generan aguas residuales. También se requiere agua para refinar petróleo y gas antes de que sean utilizados como combustibles.  Minería de carbónAdemás del usarla para extraer el mineral, se puede emplear agua —junto con productos químicos— para eliminar el azufre e impurezas antes de su quema. La extracción de carbón mediante el uso de explosivos genera escombros que pueden contaminar fuentes locales de agua e incluso taparlas. El carbón puede ser transportado a la central eléctrica con un método que bombea el mineral finamente molido con agua a través de tuberías. Fractura hidráulica (fracking)En esta técnica, se inyecta a alta presión una mezcla de más de 90% de agua, junto con químicos y arena, en formaciones rocosas subterráneas para fracturarlas y acceder al petróleo o gas que contienen.Las aguas residuales de la mezcla quedan bajo tierra y pueden contaminar el agua subterránea que alimenta acuíferos cercanos.  Energías renovablesLa energía solar fotovoltaica y la energía eólica no utilizan agua para funcionar, pero requieren insumos y materiales cuya producción requiere agua.El caso a destacar es el litio, usado para fabricar las baterías que almacenan la energía que generan estas fuentes. Su extracción conlleva un enorme consumo de agua de los salares, una de sus mayores fuentes:2 mil litros de agua por cada tonelada de litio producida en piletas de evaporación.Agua usada para obtener el carbonato de litio y separarlo del resto del compuesto.Agua que se pierde durante el bombeo de la salmuera.  Conocer cuánta agua necesitamos para producir la energía que utilizamos nos permite tener una visión más amplia de lo que implica su consumo.Reducir nuestras necesidades energéticas y alentar la producción sostenible y justa de energía también son maneras de cuidar el agua. Si quieres profundizar más en el tema, enlistamos las fuentes de información que consultamos: - "How It Works: Water for Electricity", Union of Concerned Scientists.- "El uso del agua: una planta de energía termoeléctrica", USGS.- "¿Por qué la termoeléctrica no es energía limpia?", J. Soto, Greenpeace.- "How much water does the typical hydraulically fractured well require?", U.S. Geological Survey.- "Hydraulic Fracturing and its Impact on Water Resources", Water Footprint Calculator.- "The intensification of the water footprint of hydraulic fracturing", Science Advances.- "Efectos del represamiento de ríos en países de América Latina y el Caribe sobre la biodiversidad, el agua, la alimentación y la energía", A. Stehr, CEPAL.- "Las represas y su impacto en la naturaleza", WWF.- "¿Qué es el litio, para qué sirve y de dónde se extrae en la Argentina?", Florencia Ballarino, Chequeado.- "El impacto de la minería de litio en los Humedales Altoandinos", Wetlands International.- "'Triángulo de litio: la amenaza a los salares de Bolivia, Chile y Argentina", Rodolfo Chisleanchi, Mongabay Latam.    Datos sobre consumo de agua en la generación eléctrica obtenidos de: - "A simple model to help understand water use at power plants", A. Delgado y H. J. Herzog, MIT.- "How it Works: Water for Natural Gas", Union of Concerned Scientists.- "Hidropower Explained", U.S. Energy Information Administration.- "How it Works: Water for Nuclear", Union of Concerned Scientists.- "Geothermal Energu Factsheet", University of Michigan.- "Life cycle water use for electricity generation: a review and harmonization of literature estimates", J. Meldrum y otros, Environmental Research Letters.  

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Zona agrícola en el municipio de Cajamarca, Colombia

Ni AngloGold Ashanti ni Mineros S.A. : Cajamarca es un municipio libre de gran minería

Aunque cambien las empresas, la decisión de la ciudadanía de Cajamarca sigue siendo la misma: defender su territorio frente a la gran minería.Bogotá / Cajamarca. Tras el anuncio de la empresa Mineros S.A. sobre la firma de un acuerdo para adquirir el 100% de las acciones de AngloGold Ashanti Colombia S.A.S del proyecto minero La Colosa en Cajamarca, desde la Coalición Jurídica para la Defensa de Cajamarca (1) reiteramos un mensaje claro: Cajamarca ya decidió y su territorio debe permanecer libre de gran minería.Durante más de una década, hemos adelantado procesos de movilización, defensa jurídica e incidencia para proteger a Cajamarca frente al proyecto minero La Colosa, promovido por AngloGold Ashanti. Gracias a esa defensa colectiva del territorio y a la normatividad ambiental, hoy las actividades de exploración en este proyecto se encuentran suspendidas.Desde 2017 la ciudadanía de Cajamarca se pronunció de manera contundente a través de la consulta popular, en la que el 98 % de las personas votantes rechazó el desarrollo de actividades mineras en el municipio. Este resultado tiene plenos efectos legales, como lo han confirmado dos jueces colombianos, y representó un hito de participación y democracia ambiental en Colombia, además de una clara expresión de la voluntad del territorio de proteger el agua, la vocación agrícola del municipio y los ecosistemas estratégicos de la región. En este contexto, el cambio de titularidad del proyecto de AngloGold Ashanti a Mineros S.A. no cambia la realidad del territorio ni la posición de las comunidades. Aunque cambien las empresas, la decisión de Cajamarca sigue siendo la misma: defender su territorio frente a la gran minería. Además, ninguna de estas dos empresas cuenta con los permisos ambientales necesarios para reactivar el proyecto La Colosa, y aún así, insisten en desconocer las decisiones autónomas y legítimas de la comunidad. El anuncio de esta transacción se produce, además, pocos días después de que el Concejo Municipal de Cajamarca aprobara un acuerdo municipal de iniciativa ciudadana que declaró 33 predios pertenecientes a AngloGold Ashanti como áreas de utilidad pública e interés social. Esta decisión reafirma el compromiso institucional del municipio con la protección del territorio.Las organizaciones que suscribimos este comunicado reiteramos que Cajamarca no es ni será un territorio minero. Sea AngloGold, Mineros S.A. o cualquier otra empresa, la gran minería no tiene lugar en el municipio. Continuaremos ejerciendo todas las acciones sociales, jurídicas y políticas necesarias para defender el territorio y hacer respetar la decisión de Cajamarca.#LaConsultaSeRespeta (1) La Coalición está integrada por el Colectivo Socio-ambiental Juvenil de Cajamarca (COSAJUCA), el Centro Sociojurídico SIEMBRA, el Semillero de investigación en estudios sobre minería de la Universidad de Antioquia, la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA), la Clínica Jurídica Grupo de Acciones Públicas (GAP) de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad del Rosario, la Clínica Jurídica sobre Derecho y Territorio de la Universidad Javeriana, la Comisión Colombiana de Juristas (CCJ) y Sibelys Mejía Rodríguez (investigadora independiente).Contactos de prensaRobinson Mejía | COSAJUCA | [email protected] | 300 218 36 41 Sara Sofia Moreno | SIEMBRA | [email protected] | 300 568 33 33 | Lorena Zárate | AIDA | [email protected] | +52 553902 7481Laura Becerra | CCJ | [email protected] | 313 475 5815  

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